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Cuando se acaban las
mieles de la vida, hay que vivir con el roció del cielo.
Cuando se nos cierra la capa de la tierra, hay que volar por los espacios de
Dios.
Cuando estamos muy deprimidos y cargados como la nube, hay que dejar caer el
aguacero.
Cuando uno no puede ir en busca de Dios, sólo hay que dejarle una rendijita
abierta.
Cuando el dolor te vence, Dios toca fondo y nacen las maravillas y los milagros.
Cuando no sabes qué decir, aprende a escuchar: El silencio te enseñará un
lenguaje que no conocías.
A veces el borde de la desesperación parece más fuerte que las murallas de la
fe.
Es que son "aguas crecidas," necesarias para que se lleven lo turbio, los
desechos, la basura, y te dejen mas lúcida, más limpia y mas purificada.
Después de esas aguas crecidas hay que quitar las impurezas, podar los árboles
caídos, recoger las hojas, limpiar el polvo.
Y así, con todo listo, esperar la nueva primavera... ¡Y volver a empezar!
Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla.
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