Juan Barbuzano Francis Pérez Un traspiés Mostramos la imágenes de los dos ídolos

que ha tenido la Isla del Hierro a nivel

Internacional:

Juan Barbuzano y Francis Pérez

"La Lucha Canaria es un deporte vernáculo de las Islas Canarias, caracterizado por su habilidad y nobleza, teniendo como principio básico el desequilibrio del contrario/a hasta hacerle tocar el suelo con cualquier parte de su cuerpo que no sea la planta del pie, empleando para ello, con un buen agarre, una serie de "luchas", "mañas" o "técnicas". No se permite la lucha en el suelo ni ninguna clase de llaves o estrangulaciones". La Lucha Canaria forma parte del Programa de las Fiestas Populares en toda la Isla.

Aproximación histórica a la Lucha Canaria

Es responsabilidad de todos los pueblos conocer su historia. Es evidente que la Lucha Canaria es uno de los símbolos principales de la cultura de nuestro pueblo y, de ahí, la importancia que tenemos de estudiarla y conocerla.

A la hora de elaborar la historia de nuestros deportes autóctonos nos encontramos con limitaciones: las escasas referencias de los cronistas e historiadores para todas las manifestaciones aborígenes, el bajo nivel cultural que ha tenido nuestro pueblo y que se refleja en la escasez de testimonios escritos, el marco geográfico en el que se practica la lucha canaria que suele ser rural y, por lo tanto, menos conocido, la lejanía de las islas menores que ha dado lugar a que muchos de sus acontecimientos no hayan quedado escritos...

Todo ello, no debe ser obstáculo para que, poco a poco, y con las aportaciones de todos, ir elaborando lo que en su día pueda ser la gran historia de la lucha canaria.

En esta aproximación histórica vamos a intentar acercarnos a lo que ha sido el devenir de la lucha, apartándonos de la cronología por siglos para fijarnos en lo que considerarnos que han sido momentos claves de su evolución y así distinguimos tres épocas:

1. Época histórica (de las primeras referencias a 1834).

2. Época folclórica (de 1834 a 1943).

3. Época institucional (de 1943 a la actualidad). 

1. ÉPOCA HISTÓRICA

Llamada así porque para el conocimiento de la lucha desde el siglo XV a 1834 sólo nos podemos remitir a las crónicas, poemas o relatos que los cronistas, poetas o historiadores nos dejaron, siendo las referencias más importantes las siguientes:

a)

Crónica del rey Juan II de Castilla escrita por Álvaro García, donde se cuenta que una embajada de hombres ilustres de estas islas van a entrevistarse con dicho rey, figurando como uno de sus miembros un tal Maguer, «que era luchador». Esto ocurre en el año 1420, cuando todavía varias islas aún no habían sido incorporadas a la corona de Castilla. Así pues, Maguer es el primer luchador del que tenemos referencia histórica.
  

b)

Una cita muy interesante es la que nos cuenta Viera y Clavijo que narra que en el año 1527 se organizan en todos los territorios del imperio español diversos actos festivos con motivo del nacimiento del príncipe heredero (que con el tiempo sería Felipe II). En La Laguna, lugar de residencia del adelantado de Canarias, se organiza una luchada en la que el premio será para el que venza «a tres contrarios dos veces sin recibir ninguna». Al ocurrir este evento apenas unos treinta años después de la conquista de Tenerife, ya nos da una idea del arraigo que tendría la lucha entre los pobladores de la isla.
  

c)

Un nuevo dato lo tenemos en las proezas del grancanario Adargoma que nos cuenta el historiador Abreu y Galindo en su obra Historia de la conquista de las islas Canarias, escrita en el año 1 632. Adargoma (cuyo nombre quería decir espaldas de risco) lucha en solitario con Gariragua en el barranco de Tenesoya para resolver, por este medio, problemas que tenían por las posesiones de tierras de pastoreo. Años más tarde, Adargoma cae prisionero de los castellanos y lo llevan a la Península. Cuando se enteran que sabía luchar un manchego vino a desafiarlo pero el canario le dijo que si era capaz de impedirle con las dos manos que él se tomara un vaso de vino con una, aceptaba luchar. Al no lograr el manchego impedírselo, se fue sin agarrar.
  

d)

Como referencia más interesante tenemos el famoso Poema de Viana (1604). Antonio de Viana vive en La Laguna a finales de siglo XVI y principios del siguiente. Como poeta, recibió el encargo del señor Juan Guerra de Ayala para que, en un poema épico, ensalzara su figura. Esa obra llevará el nombre de Conquista de Tenerife y, como todas las obras del género épico, tiene muchos detalles fantásticos. Pero lo que nos interesa del mismo son 63 versos que se hallan en el Canto IV que merecen un estudio detallado y que son un testimonio fundamental para el conocimiento de la historia de la lucha. Así encontramos:
  

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Los enfrentamientos se realizan a lucha corrida, aunque este no es el único sistema empleado históricamente, ya que en la cita de Viera y Clavijo se habla de vencer al contrario en dos agarradas.
 

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La luchada se celebra en un día de fiesta, lo que refleja ese carácter de acto principal que en los programas de nuestras fiestas tuvo la lucha canaria. Esta fiesta se celebra en el reino del mencey Bencomo, en el Valle de La Orotava de Tenerife.
 

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Los luchadores contienden con sólo un tamarco que sirve de agarradero y con el cuerpo untado de manteca, detalle este que también encontramos en una lucha que se practica actualmente en Turquía.
  

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Otra característica que encontramos en el poema, y que fue una constante del deporte hasta hace pocos años, es que se luchaba por honor familiar o por defender el terruño (Rucadén derriba a Caluca, en defensa de éste, sale su amigo Arico, y al caer también éste sale su hermano Godeto).
  

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También se hace la primera referencia a los árbitros al citar a los jueces de terrero que deben dilucidar el vencedor de la última agarrada, al no estar claro el resultado.
 

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Antonio de Viana nos describe algunas mañas que, aunque con algunos nombres distintos, podernos deducir que son similares a las actuales. Tampoco se tiene en cuenta el peso o estatura de los luchadores, reflejándose ya una de las esencias de nuestro deporte consistente en que el chico venza al grande. 
  

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No se habla de un vencedor, quedando este a juicio de los jueces o mejor del lector, lo que refleja, una vez más, el espíritu de nobleza de nuestro deporte, y que este escritor canario supo captar y reflejar de manera tan exacta.
 

e)

Aparte de los cuatro textos los que hacemos referencia, también otros historiadores hablan de la práctica de la lucha por nuestros antepasados. Así el P. Alonso de Espinosa en su Historia de Nuestra Señora de Candelaria cita la lucha como una de las costumbres de los guanches; lo mismo ocurre con Leonardo Torriani, que la sitúa como una costumbre de los habitantes de Gran Canaria. Juan Álvarez Delgado escribe sobre la agarrada entre Benteguaire y Doramas; y también citar a Juan de Castellanos, que nos relata cómo en Sudamérica un canario venció al indio Tiguer empleando una zancadilla.

Para terminar esta época nos gustaría hacer una reflexión: parece que en la península existía algún tipo de lucha en tiempos de la conquista de Canarias; sin embargo, pese a que los castellanos llegaron en aquellos años a casi todos los rincones del mundo, imponiendo su cultura y sus costumbres, en ningún otro lugar, ni ningún otro pueblo, en las mismas condiciones que el nuestro, tiene un deporte similar:

También parece evidente que no es la misma la lucha actual que la de los aborígenes, pero no son tantas las diferencias como algunos nos han pretendido hacer ver, y lo que es la esencia del deporte vernáculo podernos encontrarla en el principal de los testimonios históricos: el poema de Viana.   

2. ÉPOCA FOLCLÓRICA

A la hora de analizar la evolución de la lucha canaria a través del tiempo, encontramos un hecho fundamental: la crónica que hace Emilio Rivero de la conocida como lucha de la medía montaña. (aparece en el anexo de esta publicación)

Este acontecimiento tiene lugar en el año 1834 y el citado Emilio Rivero, que fue un mecenas de nuestro deporte y que vivió a principios de este siglo, recoge por escrito una tradición oral y así nos cuenta con todo lujo de detalles una luchada en la que se repiten muchos rasgos que ya habíamos visto en e poema de Viana.

Denominarnos a esta etapa como folclórica porque la lucha canaria se movía dentro de unos cánones similares a los que hoy en día se encuentran otras luchas del mundo, en las que el deporte es una manifestación espontánea y popular. Vamos pues a detenernos en varios de estos rasgos que definen a la lucha de este período:

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La lucha era un deporte de costumbres, donde no existía una reglamentación escrita, estableciéndose las reglas en el momento de celebrar cada encuentro y dándosele un valor fundamental a la palabra.
 

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No existían competiciones de forma regular, sino la costumbre de celebrar luchadas en determinadas fiestas o cuando buenamente se acordara.
 

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Se lucha por bandos, no por equipos corno ocurre en la actualidad. Así eran clásicos los bandos que se formaban en el Hierro entre la villa y el campo; en La Palma luchaba una banda contra la otra; en Lanzarote vuelta arriba frente a vuelta abajo y los enfrentamientos Norte-Sur en las islas de Fuerteventura, Tenerife y Gran Canaria. En esta isla formaban el Norte luchadores de Gáldar, Guía, Arucas... (Mandarria, Pastor de Guía, Hércules de Gáldar), frente a los formidables luchadores del Sur (Telde, Agüimes, Ingenio) con nombres inolvidables corno Matías Jiménez el Invencible, Tabletas, El Rubio, Juan Castro... Como el bando Norte solía ser algo flojo venían a reforzarlo luchado res de otras islas como los herreños Martín y Méndez. También, en la lucha de la «MEDIA MONTAÑA» se enfrentan el Norte con el Sur de Tenerife, venciendo estos últimos.
 

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Esta característica de los bandos hace que no haya un número limitado de luchadores en los mismos, ya que todo el que estuviera vinculado a uno de ellos podía salir a agarrar con el que estuviera en el terrero. Así sale un hermano por otro, como hizo Martín en el Hierro cuando contaba con más de cincuenta años, o un padre por su hijo como hizo Mandarria en Gran Canaria. Las luchas tenían una hora de comienzo pero sólo terminaban cuando el que estaba en el centro daba una vuelta a todo el corro y ya no encontraba ningún rival que le saliera. Esto trae consigo que un hombre tirara a un número elevado de contrarios, como Ramón Méndez que en un encuentro derribó 24 contrarios, o como cuando Martín vino a Santa Cruz desde el Hierro y en el circo Dugi de la capital tumbó 23, entre ellos al hombre más fuerte de Tenerife que en esa época era Pancho Yanes.
 

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Otro detalle a destacar es que no existían eliminadas entre los luchadores ni los encuentros podían terminar empatados ya que siempre había un vencedor. Era costumbre que el bando que venciera tuviera el privilegio de ser el que luchara en su pueblo en el siguiente encuentro: de ahí la expresión, todavía oída hoy en día a personas mayores, de que «se llevaron la lucha» para señalar al equipo ganador.
 

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Reseñar que los lugares de celebración de los encuentros más frecuentes eran las plazas de los pueblos, pero poco a poco se va pasando a otros lugares que, aunque no hechos expresamente para luchar, sirven de marco para la celebración de los mismos, como son el circo Dugi en Santa Cruz, el teatro Viana en La Laguna, el potrero de Telde, el circo Cuyás, la plaza de la Feria y un poco más adelante el Campo España en Las Palmas o la Plaza de Toros en Santa Cruz de Tenerife.
 

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La forma de decidir el vencedor era a través de los jueces de terrero (también llamados «hombres buenos»), para lo que sólo podían ser elegidas personas muy serias y conocedoras del deporte. Normalmente eran tres personas: una de cada equipo y otro que se entendía como neutral y tenían hasta cinco minutos para debatir alguna caída dudosa. También existían los comisionados que podía representar bien a los bandos, o a los luchadores, cuando se trataba de un desafío. Un detalle importante es que el comienzo de la agarrada se producía a la voz de ya, existiendo también la costumbre de que los contendientes pronunciaron la palabra preparados.
 

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El tipo de enfrentamiento era la lucha corrida, lo que le daba mayor agilidad y espontaneidad a las agarradas siendo más posible el triunfo del luchador pequeño. Como consecuencia de esto y, también, al ser los encuentros menos frecuentes, tenían gran importancia los desafíos que eran la sal de los encuentros. No había luchada importante que no tuviera un desafío, que bien se concertaba de antemano o por raquera en el mismo transcurso de un encuentro. Los mismos luchadores le daban una importancia capital a los mismos, ya que, al contarnos sus trayectorias deportivas, lo primero que recuerdan son los desafíos que tuvieron. También se dio el caso de desafíos (celebrados a cinco las tres mejores) que los aficionados se tiraban al terrero para impedir que éste terminara por el gran espectáculo que estaban dando los contendientes. Muchos fueron los desafíos importantes pero por nombrar algunos a título de ejemplo podemos citar a los mantenidos por Justo Mesa con el Pollo de Uga o el de éste con el Pollo de los Campitos.
 

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Los hombres solían empezar a mayor edad que a la que se empieza actualmente, pero permanecían en activo hasta edades muy avanzadas, impensables hoy en día. Así se cuenta que la última agarrada de Ramón Méndez fue con más de sesenta años y que el gran Justo Mesa se preparó para un desafío con el Faro de Maspalomas cuando contaba con 53 años de edad, aunque luego este no se produjo.
 

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Debido a las singularidades de cada isla, e incluso de cada zona geográfica dentro de las mismas, las formas de agarre eran distintas. Así existía la faja que pasaba de un luchador que caía a otro que salía por él. En el sur de Gran Canaria se luchaba a mano metida o mano arriba, a moño en el Hierro o a la retorcida en Lanzarote. En La Palma había pueblos que comenzaban a luchar por la izquierda. Antes de que se unificara la mano abajo, propia de Tenerife, era frecuente el agarre usted como quiera, silos luchadores procedían de lugares distintos.
 

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En esta época se produce una masiva emigración de canarios de todas las islas a Cuba, hablándose de la presencia de más de cincuenta mil en aquella isla en la segunda mitad del siglo XIX. Estos emigrantes llevan con ellos la lucha canaria y allí se establecen luchadores importantes como los grancanarios Juan Torres o El Rubio. Hasta aquella isla viajan también los herreños Martín y Méndez con el único propósito de desafiar a toda la isla ellos dos solos. Después de realizar casi veinte luchadas regresan a nuestra tierra, pero antes se gastaron allí todo el dinero que habían ganado. También es importante señalar que fue en Cuba donde se elaboró el primer reglamento escrito de nuestro deporte. Igualmente, a través de un diario de La Habana se anunció la presencia en aquel país caribeño del gran luchador Angelito, aunque por unos problemas que le surgieron a última hora, este viaje no se produjo. También los canarios llevaron la lucha hasta Argentina, cuando emigraron a aquella república suramericana. Allí luchó Mandarria con el vasco Ochoa y allí fue y se estableció el gran luchador de Lanzarote Manuel Vera. Asimismo se sabe que se llegaron a formar dos equipos.

Y no queremos terminar este período sin citar a una serie de luchadores que puedan servir de símbolo de todos los hombres de aquella época, aunque estamos seguros que son muchos más los que han quedado en el anonimato y que es necesario rescatar. Nombres como los de los herreños Tomás Zamora, Ramón Méndez y Martín (considerado como uno de los más grandes de todos los tiempos); los lanzaroteños Mamerto Pérez y Machín; los majoreros Manuel Vera, Cabrera, Guerra y Balas de Harina; los palmeros Guillermito, Daniel Duque, Rabisca, Longinos Martín; los tinerfeños Pancho Melián, Cartaya, Pancho Yanes, Angelito, El Sopo, Andrés Rosa, El Cañero, Luis Pagés, Jeremías Reyes, Pancho Súarez Pollo de los Campítos, Pollo de San Andrés y los grancanarios Matías Jiménez el Invencible, Pollo Reina, Trujillo, hermanos Sosa, Juan Torres, Juan Castro, Gato de Agüimes, El Rubio, Tabletas, Hércules de Gáldar, Pastor de Guía, Mandarria, Florido, Justo Mesa...

Decir por último que durante aquellos años era casi el único deporte que se conocía en nuestras islas, incluso en algunas zonas geográficas donde en la actualidad ha desaparecido. Cuando en el presente siglo aparecen otros deportes, éstos están subordinados a la lucha canaria. Un ejemplo de esta afirmación se ha producido casi hasta en nuestros días en la isla del Hierro donde hasta hace muy pocos años era casi el único deporte que se practicaba y donde en un encuentro se llegaban a reunir dos mil personas de los seis mil habitantes que tiene toda la isla.   

3. Época INSTITUCIONAL

Ante los tiempos que corrían es mucha la gente de la lucha que empieza a pedir su regulación. Así por el año 1943 se constituye la primera Federación dependiente de la Federación Española de Luchas (FEL) y que con sede en Tenerife es presidida por Domingo Cruz Álvarez. En el año 1946 se constituyen dos federaciones regior1ales independientes que tienen por ámbito de actuación las respectivas provincias canarias y con la formación de delegaciones en las islas menores. La trayectoria de estas federaciones ha sido variada ya que otra de las características de la lucha canaria es pasar por unos momentos de gloria y otros de decadencia, influyendo mucho las figuras o puntales que puedan surgir en cada momento.

Como presidentes más significativos de estas federaciones tenemos en Las Palmas a José Miranda Junco, José Abad Suárez, José Mazorra Vázquez, Luis Doreste Silva, Claudio Alemán, Domingo Angulo Viera, Jesús Gómez Rodríguez, cerrando etapa el ex-luchador Orlando Sánchez. Por su parte, en Tenerife presidieron la Federación Domingo Cruz, Adolfo González Rivero, José González del Castillo, Félix Álvaro Acuña, Buenaventura Bencomo y terminamos con Antonio Bello.

Llamamos a esta nueva etapa época institucional porque la lucha canaria deja de ser un deporte de costumbres y van a ser una serie de instituciones (federaciones, clubes, comités de árbitros, comités de competición, etcétera) los que van a intentar regular y controlar la marcha de nuestro deporte. Y al igual que hicimos en las etapas anteriores, vamos a analizar algunos aspectos de tipo deportivo y competitivo que aparecen por estos años:

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Cada federación elabora normas para la regularización deportiva de la lucha canaria como es el número de luchadores que componían los equipos, el que para luchar había que estar fichado por un equipo, duración de las agarradas, medidas del terrero, etc.
 

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Al constituirse las federaciones, éstas tienen como una de sus responsabilidades el organizar competiciones y campeonatos de forma regular. Los más asiduos son los que se celebran a nivel insular, aunque la importancia de los mismos está en función del potencial de cada momento. Se ponen en marcha liguillas interregionales con los equipos más importantes de las islas mayores. En el primero de estos torneos participaron el Tinguaro y el Pérez Abréu por Tenerife, y Guanches y Ajódar por Gran Canaria. Sin embargo, el segundo fracasó por retirada de uno de los equipos, lo que interrumpió el torneo y desaparece algunos años. También a principios de los sesenta se organizan competiciones provinciales con equipos de Tenerife y La Palma y también de Gran Canaria con Lanzarote. Unos años más tarde, por los setenta, la selección del Hierro participa en un campeonato regional con equipos de Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura. No obstante, el plato fuerte de la lucha canaria sigue siendo los enfrentamientos entre Tenerife y Las Palmas, que son los que más aficionados atraen en ambas islas. Salvo el caso citado de La Palma, los equipos más fuertes han estado en Tenerife y Gran Canaria, por lo que ha sido una constante la emigración a éstas de los luchadores que destacaban en las islas menores.
 

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Desaparece el sistema de bandos como forma normal de competir y se constituyen los equipos. Por citar varios tenemos en Lanzarote Tao y Haría, en el Hierro Martín del Pinar y Ramón Méndez; en La Palma Tedote, Tazacorte, Aridane, Tijarafe y Balta; en Gran Canaria el Adargoma (decano), Guanche, Vencedor, Rumbo, Ajódar de Guía, Maninidra de ingenio, Castro Morales de Telde, Tumbador..., y en Tenerife el Tinguaro (patrocinado por Imeldo Bello), el Pérez Abréu de Tegueste, el Hespérides de La Laguna, el Rosario de Valle Guerra, el Benchomo del Escobonal, el Santa Cruz, el Añaterve de Güímar, el Acaymo, el Brisas del Teide, el Echeyde de La Orotava...
 

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Los equipos buscan triunfos y para ello procuran fichar a los mejores, por lo que los puntales van a los equipos que más ventajas les ofrecen. Grandes luchadores de esta época pasan por varios clubes, como es el caso de Abel Cárdenes que dejó campeón de Gran Canaria a cuatro equipos diferentes en los que militó. También se produce el trasvase de unas islas a otras como la masiva emigración de luchadores a la isla de La Palma en los comienzos de la década de los sesenta, cuando la lucha en aquella isla pasa por el mayor auge de su historia. También por estos años son numerosos los luchadores que emigran a Venezuela al alcanzar allí la lucha canaria un gran arraigo, debido a la masiva presencia de canarios en aquel país.
 

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Una novedad importante es que se pasa de la lucha corrida al sistema de tres las dos mejores, e incluso, si llegan al final empatados a una, tienen que volver a enfrentarse un minuto más. Este sistema es rechazado aún hoy en día por muchos entendidos, argumentando que da ventaja al luchador más pesado quitando viveza y espontaneidad a las agarradas y haciendo cada vez más difícil que el chico tire al grande.
 

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Como consecuencia de las competiciones organizadas que hacen que los hombres importantes se agarren con frecuencia y al tener la posibilidad de las tres luchas, van desapareciendo los desafíos, aunque todavía tienen importancia hasta la década de los sesenta. Así Juan Barbuzano cuenta que no perdió ninguno de los doce desafíos que tuvo.
 

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Se unifica la forma de agarre en todas las islas adoptándose la mano abajo. En la isla de Gran Canaria, en el transcurso de un encuentro de selecciones, se hizo una encuesta entre los asistentes que optaron, por ligera mayoría, por esta forma. También por la década de los cincuenta, y a instancia de la Federación Española de Luchas, se intenta unificar el reglamento, pero esto no se pudo conseguir por la diversidad que, como ya vimos, existía en la vida de la lucha canaria de las diferentes islas.
 

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Aparecen los árbitros como jueces únicos e inapelables de los encuentros. Elementos nuevos son el silbato y el cronómetro, consecuencia de las normas que se van introduciendo y de los tiempos que corren. Se van formando los comités de árbitros, se realizan cursos para su preparación y se llegan a aspectos puntuales como la uniformidad en los equipajes.
 

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Se fija un tiempo de duración de las agarradas con lo que, por transcurrir el tiempo señalado sin tumbarse, aparecen las agarradas nulas, las eliminadas entre contrarios y los empates en los encuentros. También se introducen las amonestaciones que en principio tenían la misión de acabar con el juego sucio y avivar el espectáculo. Pero estas amonestaciones vemos como se han ido convirtiendo en un fin para decidir muchos encuentros.
 

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Se comienzan a construir algunos campos para la práctica de la lucha canaria, aunque el camino es lento, por lo que se siguen utilizando muchos lugares tradicionales.
 

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Por estos años, la lucha sale también de esta tierra con nuestros paisanos que la llevan a Venezuela y el Sáhara. En Venezuela se formaron varios equipos: Gofio La Lucha, Construcciones JGP, Hogar Canario de Palo Blanco, Frigoríficos San Juan e lpca. Hombres como Carampín, Pollo de las Mercedes, Borito, Pollo de Haría, Pollo de Valle Guerra, Matoso, Pollo del Escobonal, etcétera, hicieron grandes luchadas en aquel país. Pese al esplendor alcanzado fueron muchas las dificultades que tuvieron que vencer los rectores de aquel país para encontrar el recinto para las luchadas Infatigable fue el trabajo organizativo realizado por Juan Enríquez González. Igualmente en los años de presencia masiva de canarios en el Sáhara se formaron varios equipos como el Unión Parada, Virgen de Loreto, Seven Up. Los luchadores que estaban allí participaban con una selección con la gente de las dos provincias canarias, llegando a celebrar competiciones que se llamaron «Campeonatos de España».

Aunque algunos nombres coinciden con la época anterior también queremos terminar esta etapa señalando algunos nombres representativos de décadas que nos ocupan y que podrían ser:

Por El Hierro:

Yiyo, Bartolo, Mauro Machín, Eugenio Armas, Pollo Sabinosa, Benigno Machín y Juan Barbuzano.
 

Por La Palma:

Alfredo Martín "El Palmero", Juan Primera, Julián Acosta, Polina, José Alonso, Laureano Castro, Antonio Guerra, Milile.
 

Por Lanzarote:

Pollo de Uga, Pollo de Arrecife, Pollo de Máguez, Pollo de Haría.
 

Por Fuerteventura:

Matoso, Pollo de Doramas, Perico Perdomo.
 

Por Gran Canaria:

Andueza, El Pelota, José Araña Pollo de Arucas, Manuel Marrero Pollo de Buen Lugar, Pollo de Anzo, Domingo Mederos Pollo de Gáldar, El Calero, Cubanito, Faro de Maspalomas, Abel Cárdenes, Manolín, Orlan do Sánchez, Brazo de Hierro, El Artillero, Guajiro, Camurrita, Emilín.
 

Por Tenerife:

Pollo de las Canteras, Pollo de las Mercedes, Carampín, Víctor Rodríguez, Pollo del Escobonal, Gregorio Dorta, Chaval I, La Viejita, Felipe del Castillo, Antonio Reyes, Pancho Camurria, Pollo del Naranjo, Cinco Duros, Sosa, Ramallo, Inocencio Rodríguez, Juan de la Rosa, Nino Morales

Como ya hemos dicho, la lista está incompleta y debemos engrandecerla entre todos los amantes del deporte.

Decir que en la década de los setenta la llegada de las corrientes democráticas a nuestra sociedad afectan también a la lucha canaria que, como primerísima manifestación de la cultura canaria, pide su autonomía solicitando separarse de la FEL. Se firma un protocolo a tres bandas entre el Consejo Superior de Deportes, la Federación Española de Lucha y la Dirección General Deportes del Gobierno de Canarias que da lugar al nacimiento de la FEDERACIÓN DE LUCHA CANARIA.